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correr, día 205: esprintando en la luna

Junio 22, 2009 · 1 comentario


fondo musical: the police – walking on the moon

el calorcete espeso, el piso arenoso y granulado, casi ni un alma, anoche el circuito del parque de la ASOMADILLA parecía LA LUNA. y no es que flotase yo, gracias a la falta de gravedad, ni mucho menos. más bien me arrastraba entre serie y serie. mi REFRITO DE PLAN me marcaba seis sprints de cincuenta segundos y tres de veinticinco, con descansos de un minuto y cincuenta segundos, respectivamente. iba a hacer una salida sobre asfalto, pero tengo mis zapas en el taller (le he sacado el dedo gordo por la malla a mis gt2130, como hice con mis primeras adidas de running, dedo taladrador dice EL SIRVIENTE). menos mal que tengo un zapatero remendón (nunca mejor dicho) y artista, cerca de casa, y me las cose, porque quitando eso, están casi nuevas.

y menos mal que tengo mis KAPTAREN TR que, la verdad, una vez probadas y reprobadas, van fenomenal tanto en montaña (nada heavy, pero montaña) como en recorridos mixtos (camino y asfalto). mi pie derecho ya se ha acostumbrado a su flexibilidad, y apenas me molesta. así que son unas segundas zapas más que decentes. mis todo terreno. así que decidi cambiar la salida por asfalto a mixta. ir hasta el circuito de la ASOMADILLA, que tardo algo menos de 15 minutos, y tras otros 5′ para recuperarme de la subidita de entrada (por la cuesta negra) que se me hizo durita, empecé con las series. empecé muy prudente y terminé fuerte pero no a tope. supongo que lo suyo es terminar a 180 pulsaciones, pero tras el noveno sprint (6+3) estaría sobre las 160 (130 al minuto). luego volví trotando camino de casa, aunque metí un par de cambios de ritmo curiosos (a demanda de mi cuerpo serrano, nada preparado), por lo que completé 50 minutos totales, y alrededor de 10k de distancia.

respecto a la eficacia del entrenamiento que llaman de CALIDAD, como es muy accidentado el circuito, la intensidad sólo me la marcaban mis sensaciones. me fio bastante de ellas. al fin y al cabo no soy olímpico, NI ESTOY PREPARANDO UNA EXPIDICIÓN DE LA NASA A LA LUNA. además venía ya un poco cansado pues a media tarde inaguramos mi hija, mis dos sobrinos y yo, la temporada de piscina. una hora en el agua, jugando con los tres bichillos. un buen ejercico de brazos, cogiendo y soltando a los dos pequeños, peleando en broma, vamos, disfrutando. y como soy un hombre de palabra, al llegar a casa hice mis 100 ejercicios (80 abdominales y 20 lumbares) antes de estirar, bien estirado. DIA COMPLETO, DIA COMANSI (os acordais del anuncio).

al fin y al cabo se trata de estar en forma y terminar bien la temporada con una buena PERFORMANCE en la carrera del sábado. por cierto, hablando de la carrera, parece que va a cambiar el tiempo y los pronósticos son de bajada de temperaturas. si se confirman, es una gran noticia, al menos para mi. aunque llevo tres semanas haciendo una salida a la hora de la prueba (adaptación al horario y al calor se llama ¿no?), no estaría de más un respiro del termómetro. el fin de semana se presentará nuboso y si llueve un poquito y refresca, pues… DEL QUINCE.

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1 respuesta hasta el momento ↓

  • Pepe Heffernan // Junio 23, 2009 a 12:39 am | Responder

    Hola chicos, como este es un blog sobre nuestros importantes asuntos deportivos no tengo miedo de ser pesado ¡Aun así lo tengo! Y es que han sido muchos eventos “competitivos” en muy poco tiempo. Alta densidad. Da igual, ya llegará la hora de los menos competitivos. ¡Capullo! cada vez escribes mejor.
    Atención, nuestro motor es la motivación, y para ello las pruebas sirven. Siempre lo he defendido. Enseñan, retan, vinculan, asustan y sobre todo obligan. Son el referente en el calendario. El día da para mucho y no está mal ocupar parte de él pensando en esto. Un refugio.
    Me gusta ser COLA DE LEÓN, siempre me gustó. Cerca del que sabe y aprender. En esto igual. Ayer domingo se celebraban dos pruebas casi simultáneamente, el gran maratón alpino madrileño y el cross del telégrafo, ambas organizadas por el club tierra trágame, lleno de leones. Comparten parte del recorrido, y salen de un gran pueblo de montaña: Cercedilla. La maratón me está grande. Me puse el cross, pero seducido por ver como les quedaba el traje a los del maratón, me fui antes para ver su salida ¡Que huevos! 44 kms y lo de verdad: miles de metros de gran desnivel, la mayor parte de la carrera por encima de los 2000. Límite de tiempo: 9 horas. 300 atletas y llegan prácticamente todos. La nuestra, mas razonable, humana, de 17 kms (quizás sean menos) y unos 750 de desnivel +. Recorrido de ida y vuelta en V invertida. Toca subir (8,5), toca bajar (8,5). Mi amigo Luís no pudo venir, así que fuimos opel y yo. Esto fue el domingo. El sábado (no se puede otro día) y siguiendo con la filosofía sensei, de que se debe aprovechar lo que se puede, me fui al gimnasio. Trabajé, suave, los cuadriceps y los isquios. Quedé contento de la sesión pero el domingo estaba cargadito. Ya cuando empecé a calentar me noté cogido de atrás. El 15 sabe de lo que hablo. Los primeros kms, que serán luego los últimos, no eran duros. Aún así, no tenía buenas sensaciones. Este concepto tan subjetivo, luego resulta que es la ost*a de objetivo. Decido aflojar, la piernas me obedecen. Coincide con el fin del bosque y el inicio de la penuria. A plegarse, besarse las rodillas y rascar piedra y polvo. Ya vienen rodando, de vuelta, los primeros. En una horita hago cumbre. Coincide con el final del cross de los tres refugios, de hace un par de semanas, con lo que recuerdo mis “sueños de coca-cola”. Voy bien, se pasó el dolor de isquios ¿volverá en la bajada?
    Todo tirao y contagiado empiezo a darle a las piernas. La bajada no me resulta tan difícil, aunque hay saltos en los que me noto el todo esqueleto, de los talones a la base del cráneo, cara incluida. RETUMBA. Noto las “carnes” descolgarse. Como si la inercia del choque contra el suelo te fuera a sacar el cuerpo de la percha. Procuro buscar la máxima amortiguación. Pasan algunos, los “bajadores”. Al poco, todo se oscurece, volvemos al bosque. Me doy cuenta de que voy solo ¿y mi cola de león?
    Sigo las cintas indicadoras, a veces, a trompicones. Paro a mear. No pasa nadie. Disfruto el aislamiento y poco a poco, el llaneo me devuelve a la carrera, ¡veo gente!, una camisa naranja, y a lo lejos otras. El venenillo me vuelve a circular por la sangre. Calculo que faltan unos 3-4 kms, mucho tiempo, y aprieto. Este es mi terreno, la MEDIA MONTAÑA. Voy rápido, las camisetas se van acercando. Mando la orden a las piernas: no acelerar ¡olvidaros! Desobedecen. Parte de mi cerebro también, está harto, quiere reventar, hacer lo que le venga en gana. En cuestión de segundos tengo una REBELIÓN A BORDO. Me inhibo. Tanta contención, de los cohones. Calló y les miro desde arriba, con la dolorosa empatía del que siempre los está silenciando. Mandan los de delante, los cuadriceps, y quieren correr. Me dejo llevar, este es su momento. El de dentro va a 170 y en breve a 180, 188,… y al rato deja de subir. Alguien me dice que me pare, que se acabó. Cojo una coke y sigo trotando. Las dejo ir, que sigan, 20 minutos, esta vez sobre asfalto. En las pruebas mas largas, la dureza se impone. Mis piernas quieren mas, olieron la maratón y pensaron que íbamos a por los 42. No quieren parar, ni el de dentro, ahora a 145, ni el de arriba. ¡NO ME QUIERO IR! Los reúno a todos: tranquilidad, el sábado estaremos con el 15, Fer, Ton, Emilín, correremos, cenaremos con sus mujeres, “si nos comemos todas las chuches hoy nos pondremos malitos”. Llegamos al opel, y con una mirada lo entiende todo. Nos sentamos, cada uno en su sitio, sudados, secos, silenciosos, apestosos. Ya no hay peleas, se miran entre ellos, cómplices y tristes, los hijos castigados de un “dios menor”. Arranco el coche. Al rato, la mayoría duermen. Diesel, sal, sol, sopor.

    PD: te mando un par de fotos. He disfrurado escribiendo.

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