A veces querría pactar con el diablo que nos diera una vida mas larga, pero lo mismo le vendemos el alma y luego resulta que el que no existe es él. Y es que son tantos sitios, tanta belleza, que no da tiempo. En cualquier caso, que la ansiedad por conocerlos no nos ciegue.
Ayer sábado medio madrugué, ya tenía preparado los disfraces, era cuestión de arrojarlos en una maleta, tomar café y salir disparado rumbo a Bielsa. Calculé que llegaría al hotel a las tres, y a las cuatro estaría listo. Listo para el monte. El objetivo pasarlo bien, ¿Dónde? El acceso normal al pico Robiñera (3003m). No fui con Opel, ya os contaré (está bien), así que los tramos de pista me obligaron a dejar el coche un poco antes (1600m). A pesar de estar en mis queridos pirineos, era prisionero de mis prisas…. El stress me invadía. Un poco de filosofía kung fu… Tranquilo ¡¡cohones!! has llegado. No había manera. Seguía hiper. Acelerado, como buen occidental. Tenía poco tiempo y estaba nubladete. Ya en la carretera y en el hotel decidí ponerme de trailero. Mallas largas y zapas en vez de botas. “Total, si llueve, al menos corro”.
El sitio es espectacular, silencioso, abierto, aislado y bello. Verde. Por el mero hecho de estar ahí, te están perdonados todos los pecados, hagas lo que hagas. Palabra de Onésimo III (¡Joder!, que no me acuerdo del nombre de este Papa). Me fuí tranquilizando. Salí del carro, lo cerré y empecé a trotar con la mini mochila ad hoc. Ya encontraría agua en el camino.
Conocemos el sitio. Ya estuve con Luís y Pili hace un año. Por eso lo elegí. Precioso, solitario y fácil. Encontraréis muchas y buenas descripciones de la subida en Internet. A la hora de andar/trotar es sencillo, suave inclinación y mullido en su primera mitad. Antes de lo previsto, llegué donde el camino se bifurca hacia la zona de los lagos de La Munia (unos 2400m). Me encontré a muy, muy poca, gente bajando, y los últimos a los que vi, fue aquí, volviendo de los lagos. El RELOJ marcaba las 5. ¡¡Que importante es!! Además, te dice la altitud y al ritmo al que vas.
Toca elegir. ¿Hacia dónde voy…? , ¿Un paseo por los lagos o tiro para arriba? No hay duda, arriba. Está nublado pero no hay problema. Lo conozco, es cuestión de ir con cuidado y ponerse un límite: las 6 pm. Allí donde esté, cuando sean las seis, me vuelvo. Eso hice, y me dio tiempo a hacer cumbre, y estar en ella unos 10 mágicos minutos. El reloj, a veces enemigo, me decía que subía a 10-15 metros/minuto. Lo cuadró. Se veía lo que hay que ver, el suelo y a unos 30 m, pero nada más. La Robiñera tiene una sencilla cresta de unos 10 minutos y dos cumbres principales. Lo disfruté, rodeado de nubes y solo.
En la bajada trató, como coqueteando, de despejar, pero no debí ser lo suficientemente sugerente. Neblina. ¿Frío, sed, miedo, cansancio? No…. Respeto, felicidad y ganas de compartirlo, si. Creo que la clave es lo último (lo del cansancio). El cansancio te hace verlo todo gris, y la montaña no se lo merece. Lo de compartir también está muy bien. Por eso os lo escribo.
Mucho más feliz que un niño, y con su misma inocencia, bajé esa preciosa cumbre. Con cuidado de no caer, pero absolutamente confiado de su simpatía y protección. Sobre los 2600 me salí de las nubes y pude volver a trotar. Pillé agua en la bajada, saludé a un par de sarrios y más abajo ovejas y vacas. Aproveché el espectáculo natural y su atardecer para sentarme y ver como el valle, empezando por abajo, se iba cerrando: la luz, el perfil de las montañas sobre un cielo plomizo que oculta sus cumbres, el naranja que se hace rosa y desparece, y poco antes, la claridad suficiente para ver que las primeras señales del otoño han aparecido. ESTO ERA LO QUE BUSCABA. Y además huele. Algo parecido al ambientador de los coches pero más suave. Venios un día, unos días. Si es en otoño, mejor. El otoño en Montaña es breve, o quizás como debe ser, pero como nos descuidemos se llena de esquiadores en sus 4×4. By the way, ¡que mal les sientan los monos de esquí!.
Al rato llegué al coche. Aún me quedaba un tramo de pista a oscuras. No hubo problema. En seguida en Bielsa, donde llamé a Luís y compré algún refresco y un par de tintos del somontano que me estoy bebiendo ahora. Cené en el Hotel, solo. Mesa para uno, muy bien atendido, mantel blanco, menú de 15 euros (incluido el vino, del somontano), y bastante gente. Sólo la cena daría para un cuento. Mientras cenaba y observaba a mis congéneres, mis cuadriceps charlaban bajo la mesa. No hubo nadie que atrajera la atención del quintuceps.
textos y fotos (clic sobre ellas para ampliar) by SENSEI.